nuestros padres, en general (de los que ya tenemos cierta edad media) pasaron una postguerra complicada y difícil, y sabían perfectamente lo que son carencias e, igual, por cultura, no sabrían cómo definir una crisis, pero sí que perciben, mejor que nadie, porque en eso sí que tienen referencias, cuando una situación es delicada y alarmante, aunque el contexto social haya cambiado, pues las condiciones y las necesidades vitales son las mismas, con bastante aproximación, y las alarmas se perciben de la misma manera. Y son estos padres los que, después de otras crisis vividas en el pasado, perciben ésta, como algo grave, sin decirlo, sin comentarlo, con una inquietud interior que hace que se esfuerzen, que se preocupen, que se agobien, que vuelvan a ahorrar como cuando eran jóvenes y creyesen que cada peseta ahorrada era un seguro para su vejez...pero ahora ya son viejos....es significativo. Nosotros no nos damos cuenta, o no de la misma manera de la sitúación, pero ellos, en sí. Ven al mounstruo y no quieren nombrarlo. Les protege su edad pero sienten que no pueden hacer nada por los que están en vanguardia (hijos, nietos...).
Sigo diciendo que, además de la situación de desmadre que, necesariamente, había que encarrilar, se está aprovechando esta crisis, para algo más. Para hacer una cierta revolución social desde el otro lado y romper nexos y retomar un control que nunca debió haberse perdido, antes institucional o religioso, y llevar a la sociedad a un control más recio, no solo por el interés común, sino por adelantar puestos discretamente y situarse estratégicamente, y crear atalayas nuevas, desde las que, o hacer negocios o administrar poder. Sino el tiempo.